El mayor peligro de internet aún no salió a escena

La Unión Europea ataja la problemática de los derechos de autor en Internet mientras guarda silencio sobre la navegación oculta.

 

 

El próximo 4 y 5 de julio se votará la nueva propuesta de Directiva sobre los Derechos de Autor en el Mercado Único Digital (MUD) cuya finalidad, según aboga el texto, es la unificación de criterios y el avance legislativo en pos de una mayor protección de los derechos de autor en un mercado digital marcado por la piratería. Muchos casos en el pasado reciente han mostrado como este tipo de prácticas superan con creces la esfera nacional a través de servidores situados en todo el globo, una estructura delictiva perfectamente organizada en distintas fronteras o normas permisivas que permiten a las plataformas subir el contenido con total impunidad mientras no pueda demostrarse que conocía su ilicitud. A todo este contexto debe sumarse el terrible impacto que conlleva para el pequeño y mediano empresario pues lo que supone una pérdida de ganancias para las grandes compañías se convierte para ellos en causa de quiebra con sus consecuentes despidos y disolución social, sumado a la dificultad legal para reclamar a los responsables la indemnización de los daños.

 

Muchos ven en esta iniciativa un avance en una materia que necesitaba urgentemente una acción europea mientras que otros consideran se puede quedar corta. En mi humilde opinión, mientras que ambos bandos tienen razón en muchos de los argumentos e ideas que promueven, considero que en realidad se trata de un texto cuya aplicación va a ser de necesidad ineficaz pues aún no se ha tratado con el debido rigor un paso previo cuya consideración hace inútil todo intento de regulación en Internet ya sea para derechos de autor, prevención de delitos o cualquier otro ámbito y es el anonimato en Internet. Efectivamente contenidos de esta Directiva mejorarán la protección de los autores pero sobre todo cuando el divulgador o propietario de la plataforma sea conocido ¿y cuando no lo sea?

 

 

Existen dos vertientes completamente enfrentadas en la sociedad actual: Los que ven en el anonimato de Internet un espacio de libertad que ve en cualquier injerencia estatal un ataque frente a nuestros derechos y libertades fundamentales o, en el peor de los casos, un intento por convertir la red en un instrumento de control masivo. En frente se encuentran los detractores de una permisividad excesiva en este anonimato, poniendo el punto de inflexión en un desprecio claro a todos aquellos sistemas, como la conocida red TOR, que permiten una navegación anónima al margen de cualquier ley o autoridad nacional, pero siendo conscientes de el peligro que supone una injerencia excesiva por parte del Estado o de grandes compañías que ya han demostrado en múltiples ocasiones que hacen con nuestros datos.

 

Pero no debemos olvidar que esto no es una cuestión vacía sino que, en mi opinión, ocupa el lugar central del debate pues toda iniciativa en pos de una mejor protección de nuestros derechos en internet estará abocada al fracaso mientras que exista la posibilidad de que cualquier persona pueda atacarnos con total impunidad, no solo a nuestro patrimonio sino también directamente a nuestra persona. No es una cuestión que supere al Derecho como algunos vienen afirmando pues a lo largo de la historia, sobre todo en los últimos tiempos, ya se han ideado mecanismos de control respecto a cuestiones parecidas como sucede con la protección de datos de carácter personal, la protección de ficheros o el traslado internacional de mercancías. Por ello muchas personalidades del sector tecnológico advierten que la Unión Europea no está tratando la materia con una acción transversal que vertebre su contenido mínimo y después atajar cada uno de sus sectores sino todo lo contrario, primero regulariza pequeños ámbitos como la protección de datos o ahora los derechos de autor sin haber determinado las reglas de juego.

 

 

Francisco Santiago Fernández Álvarez, abogado.

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